Durante los últimos cien años, las mujeres han desempeñado un papel fundamental, y con demasiada frecuencia desconocido, en la creación y el desarrollo de la tecnología que hoy utilizamos a diario. Muchos han oído hablar de las contribuciones de Ada Lovelace a la programación informática, pero muy pocos conocen a , una destacada programadora moderna que escribió gran parte del software para el LINC, uno de los primeros ordenadores personales interactivos del mundo (cabía en una sola oficina y costaba 40 000 dólares, pero eran los años 60). Décadas antes, cuando se construyó el primer ordenador Eniac, totalmente electrónico y digital, en los años 40, el «software» para el mismo fue escrito por mujeres : Kathleen McNulty, Jean Jennings, Betty Snyder, Marlyn Wescoff, Frances Bilas y Ruth Lichterman.
Afortunadamente, cada vez es más conocido que la actriz e inventora Hedy Lamarr fue coautora del concepto de «salto de frecuencia» , que se convirtió en la base de los sistemas de radio, desde los teléfonos móviles hasta las redes inalámbricas. Pero muy pocos conocen a , quien en la década de 1970 resolvió un problema importante en el desarrollo de las redes y los teléfonos móviles al darse cuenta de que los números marcados podían almacenarse y enviarse todos a la vez con un «botón de llamada», en lugar de enviarse uno por uno, lo que creaba problemas de conexión incluso antes de que se realizara la llamada.
Las mujeres en el sector tecnológico merecen un reconocimiento mayor y más destacado. En la EFF, hemos tenido el honor de homenajear a algunos de nuestros héroes en nuestros premios anuales EFF Awards, entre los que se incluyen muchas mujeres que lideran la comunidad de los derechos digitales. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, destacamos las contribuciones de algunas de estas galardonadas de la última década, cuyo trabajo para proteger la privacidad, la libertad de expresión y la creatividad en línea ha tenido un impacto global.
Carolina Botero (ganadora del Premio EFF, 2024)
Carolina Botero es una figura destacada en la lucha por los derechos digitales en América Latina. Durante más de una década, dirigió la Fundación Karisma, con sede en Colombia, y potenció su impacto regional e internacional. Botero y Karisma ayudaron a aa los pueblos indígenas Internet y hicieron posible la contribución de contenidos a Wikipedia en su lengua materna, ampliando así el acceso tanto a la historia como a la información actual. Crearon alianzas para combatir la desinformación , impulsaron herramientas legales para proteger a las instituciones culturales y patrimoniales de los agujeros negros digitales, y fueron, y siguen siendo, una voz necesaria en defensa de los derechos humanos en el mundo digital. La EFF colaboró estrechamente con Karisma y Botero para ayudar a liberar al estudiante de posgrado colombiano Diego Gómez, quien compartió la tesis de máster de otro estudiante con sus compañeros a través de Internet. La historia de Diego demuestra lo que puede salir mal cuando los países promulgan sanciones severas por infringir los derechos de autor y, gracias al trabajo de Karisma, de muchos socios y de numerosos simpatizantes de la EFF, fue absuelto de los cargos penales a los que se enfrentaba por este acto inofensivo de compartir investigación académica.

Carolina Botero recibe el Premio EFF
Botero dejó el cargo en 2024, abriendo el camino a una nueva generación. Aunque su labor continúa —actualmente forma parte del consejo asesor del CELE, el Centro de Estudios en Libertad de Expresión—, su Premio EFF fue muy merecido, dado su sólido e inspirador legado para quienes, en América Latina y más allá, abogan por un mundo digital que potencie los derechos y empodere a los más desfavorecidos. Más información sobre Botero en , página de los premios EFF y en el resumen de del 2024 .
Chelsea Manning (ganadora del Premio EFF, 2017)
Chelsea Manning saltó a la fama como denunciante: en 2010, reveló documentos clasificados sobre la guerra de Irak, entre ellos un vídeo del asesinato de civiles iraquíes y de dos periodistas de Reuters a manos de las tropas estadounidenses. Estos documentos sacaron a la luz aspectos de las operaciones estadounidenses en Irak y Afganistán que indignaron a la opinión pública y pusieron en aprietos al Gobierno de . Pero también es defensora de la transparencia y de los derechos de las personas transgénero, experta en seguridad de redes, escritora y antigua analista de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos.
Manning se alistó en el ejército en 2007. Su cargo como analista de inteligencia en una unidad del Ejército en Irak en 2009 le permitió acceder a bases de datos clasificadas, pero, lo que es más importante, le proporcionó una visión única y exhaustiva de la guerra en Irak, y se fue sintiendo cada vez más desilusionada y frustrada por lo que veía, en comparación con lo que se hacía público. En 2010, se puso en contacto con los principales medios de comunicación con la esperanza de proporcionarles información que revelara al público una nueva faceta de la guerra. Finalmente, compartió los documentos con Wikileaks.
La valentía de Manning no se quedó ahí. Cuando fue detenida unos meses más tarde, sufrió un trato «cruel, inhumano y degradante», según el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la tortura. Permaneció recluida en solitario durante 23 horas al día a lo largo de un periodo de 11 meses, antes de su juicio. Los malos tratos provocaron una indignación pública y la defensa de organizaciones como Amnistía Internacional. Incluso un portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, criticó el trato calificándolo de «ridículo, contraproducente y estúpido», y dimitió. En abril de 2011 fue trasladada a un centro de seguridad media.
Los cargos del Gobierno contra Manning eran escandalosos, pero en 2013 fue declarada culpable de 19 de los cargos como consecuencia de sus actividades como denunciante. Se convirtió en una de las menos de una docena de personas procesadas por espionaje en toda la historia de los Estados Unidos, y fue condenada a la pena más larga jamás impuesta a un denunciante. Entonces, al día siguiente de su condena, aislada de su comunidad y con toda probabilidad esperando permanecer en prisión durante años, si no décadas, emitió valientemente una declaración en la que se identificaba como mujer transgénero, algo que llevaba años queriendo revelar
Durante los años siguientes, mientras estuvo encarcelada, se convirtió en defensora tanto de la transparencia gubernamental como de los derechos de las personas transgénero. Su condena y sentencia pusieron de manifiesto la necesidad de una reforma legal tanto de la Ley de Fraude y Abuso Informático (CFAA) como de la Ley de Espionaje. La EFF presentó un escrito de amicus curiae ante el Tribunal de Apelaciones Penales del Ejército de los Estados Unidos argumentando que la CFAA nunca tuvo la intención de tipificar como delito las violaciones de políticas privadas como las de los sistemas gubernamentales, y la EFF también impulsó, y sigue luchando por, interpretaciones más restrictivas de la Ley de Espionaje y protecciones más sólidas para los denunciantes, en particular para tener en cuenta tanto la motivación de las personas que transmiten documentos como las ramificaciones de la divulgación.
A pesar de que el presidente Obama le la pena en 2017 , y de que la EFF celebró su labor y su puesta en libertad con un premio de la EFF en septiembre de 2017, su lucha no había terminado. En 2019 volvió a ser encarcelada en dos ocasiones y, finalmente, fue multada con 256 000 dólares por negarse a testificar ante los que investigaban al fundador de WikiLeaks, Julian Assange. El relator especial de la ONU sobre la tortura volvió a criticar el trato recibido por Manning, señalando que «la práctica de la detención coercitiva parece ser incompatible con las obligaciones internacionales de Estados Unidos en materia de derechos humanos».
Manning fue puesta en libertad en 2020 tras haber pasado casi una década entre rejas por su valentía. En 2022 escribió sus memorias, README.txt, para recuperar el control sobre su historia.
Ganadores del Premio EFF: Mike Masnick, Annie Game y Chelsea Manning
Annie Game (ganadora del Premio EFF, 2017)
Annie Game ocupó durante más de 16 años el cargo de directora ejecutiva de IFEX, una red mundial de organizaciones de periodismo y libertades civiles que colaboran para defender la libertad de expresión. IFEX (antes International Freedom of Expression Exchange) se fundó en la década de 1990, cuando un grupo de organizaciones y el Comité Canadiense para la Protección de los Periodistas se unieron para estudiar cómo responder con una sola voz a las violaciones de la libertad de expresión en todo el mundo. En la actualidad, IFEX es un centro mundial para la protección de la libertad de expresión y el periodismo.
Game se dio cuenta desde el principio de que los grupos defensores de los derechos digitales y de la libertad de expresión se necesitaban mutuamente. Bajo su liderazgo, IFEX puso en contacto a organizaciones más tradicionales dedicadas a la libertad de expresión con sus homólogas más centradas en el ámbito digital, centrándose en el desarrollo de capacidades de seguridad organizativa. Las iniciativas de IFEX bajo el liderazgo de Game han tenido un gran alcance. Por ejemplo, el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, el 2 de noviembre, se ha convertido en una llamada de atención anual y un recordatorio para que los Estados miembros de la ONU cumplan sus compromisos de proteger a los periodistas. La UNESCO observó que más de 1.700 periodistas fueron asesinados en todo el mundo entre 2006 y 2024, y que casi el 90 % de estos casos quedaron sin resolver en los tribunales.
Game e IFEX también se han centrado en casos de gran repercusión mediática de periodistas amenazados por los gobiernos debido a su labor, como Bahey eldin Hassan en Egipto . Bahey es director del Instituto de El Cairo para los Estudios sobre Derechos Humanos (CIHRS) y ha defendido la libertad de expresión y los derechos humanos fundamentales de los egipcios, pero vive en el exilio desde 2014. Los cargos que se le imputan, «difundir información falsa» e «insultar al poder judicial», son tácticas habituales de intimidación y acoso. Los supuestos delitos de Bahey consistieron en compartir publicaciones en redes sociales en las que criticaba la falta de independencia del poder judicial egipcio y en hablar sobre el asesinato en Egipto del investigador italiano Giulio Regeni. Bahey —miembro de IFEX— es solo uno de los muchos reporteros y defensores de los derechos humanos que corren peligro cuando alzan la voz. Pero cuando los periodistas y quienes defienden sus derechos en Internet alzan la voz al unísono, con la ayuda de IFEX, se logra marcar la diferencia.
Otra iniciativa ha sido el proyecto « :» (Rostros ), , una colaboración entre IFEX y el International Free Expression Project. Si buscas más héroes, este proyecto detalla las historias de «personas que asumen riesgos y propician el cambio —individuos que ponen en juego sus carreras, su libertad, su seguridad y, a veces, incluso sus vidas—» mientras informan o defienden la libertad de expresión y el derecho a la información.
Allí donde el autoritarismo y la represión de la libertad de expresión han ido en aumento, Game ha denunciado sin tapujos las injusticias y ha contribuido a que los periodistas puedan realizar su trabajo de forma más segura, al tiempo que garantiza la rendición de cuentas cuando se cometen delitos. Su labor es ahora más crucial que nunca y, desde que dejó IFEX en 2022, ha seguido siendo activista, centrándose cada vez más en la protección del medio ambiente.
Doce heroínas más
A lo largo de los años, la EFF ha galardonado a muchas más mujeres, desde Anita Borg y Hedy Lamarr hasta Amy Goodman y Beth Givens. Esta entrada del blog de 2012 repasa y reconoce las importantes contribuciones de otras doce ganadoras de los premios de la EFF.
También hemos preguntado a cinco mujeres de la EFF por aquellas figuras del ámbito de los derechos digitales, la libertad de expresión, la tecnología y el activismo tecnológico que nos han inspirado. Puedes leerlo aquí.
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